Por qué decirle no a la comida basura

La pizza es comida basura

Cuando llegamos a casa del trabajo, lo que menos nos apetece es ponernos a cocinar algo sano. Abrimos la nevera, encontramos una pizza y decidimos que, aunque sea la última vez, nos la vamos a comer. Pero la historia se repite una semana tras otra, y nuestros niveles de colesterol aumentan al mismo ritmo.

Si bien es cierto que comernos lo primero que encontramos puede resultarnos más cómodo que ponernos a cocinar, lo que eso conlleva a la larga no nos sienta tan bien. Las comidas rápidas cuentan con más calorías que otras preparadas por nosotros, más grasas. En definitiva, más cosas que perjudican al bienestar de nuestro cuerpo.

No te dejes engañar o de por qué la comida basura es perjudicial

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Grasas, sales, azúcares y condimentos ayudan a que crezca nuestra sensación de sed o de hambre. Esto interesa a los establecimientos que se dedican a vender este tipo de alimentación. Si a esto le sumamos los aditivos alimentarios, como potenciadores del sabor o colorantes, eso que ingerimos es una bomba de relojería para nuestro cuerpo.

La rapidez con la que podemos acceder a este tipo de comida, lo sencillo de su elaboración (elaborada a través de procesos industriales) y la facilidad de conservación (no necesita frío y su vida útil antes de caducar es larga), su precio accesible a todos, su distribución comercial en todas las grandes cadenas y la presión de la publicidad hacen que nadie sea inmune a las garras de esta mala alimentación. Si a esto le sumamos que el consumidor sólo tiene que abrir el envase y comérselo, la variedad en cuanto a sabores y la sencillez con la que se come (no se necesita ningún tipo de parafernalia), nadie queda inmune.

Alternativas sanas a la comida basura

Una vez definido qué es la comida basura (alimentos con muchas grasas, fabricados de manera industrial, con colorantes y potenciadores del sabor), plantearemos aquí una serie de alternativas que, aunque quizás sean algo más pesadas de preparar (no tiene por qué), tarde o temprano nuestro organismo nos lo agradecerá.

Los bollos del desayuno y la merienda podemos cambiarlos por un vaso de leche, un zumo y unas tostadas o unos cereales. Que serán los que realmente nos aportarán la energía necesaria para todo el día.

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A la hora de la comida o la cena, las hamburguesas, pizzas, fritos y rebozados pueden sustituirse por legumbres, pescados y carnes cocidos o al horno, y fruta. De beber, podemos sustituir los refrescos azucarados por agua, que al final será lo único que de verdad nos quite la sed.

Como ves, las alternativas para dejar de lado la comida basura son infinitas. Frutas, verduras y ensaladas a cambio de alimentos procesados son otra opción.

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