Leche entera, semidesnatada o desnatada

Hay diferencias entre la leche entera y la desnatada

A la hora de tomar leche para un desayuno, para una merienda, o simplemente un vaso de leche cuando nos apetece, nos encontramos con que hay cada vez más tipos de este producto.

Leche entera, semidesnatada, desnatada, con omega 3, con calcio, de soja… cada vez más variedades llenan las estanterías de los supermercados, y nunca sabemos cuál comprar. Dependiendo de nuestras necesidades, tendremos que optar por una o por otra.

Diferencias entre leche entera y desnatada

A diferencia de lo que podamos creer, la única distinción entre estos dos productos es la cantidad de grasa que aportan a nuestro organismo. Y es que la leche desnatada no contiene prácticamente nada de grasa, mientras que la entera no ha sufrido ningún proceso Screenshot_1eliminación, y como su propio nombre indica, es la que procede de la vaca (o de la cabra, según el tipo de leche).

Pero la cantidad de azúcares (lactosa), proteínas, y calcio es exactamente la misma en la leche entera y en la desnatada. Algo parecido ocurre con la cantidad de agua. A pesar de la creencia que intentan expandir las malas lenguas, no es cierto que la leche desnatada sea sólo agua.

El problema de la leche desnatada es que requiere que se enriquezcan con las vitaminas liposolubles A, D y E. Estas tres vitaminas necesitan de la grasa para su absorción, y para aprovechar sus beneficios. Pero en la actualidad, ya casi todas las marcas se han dado cuenta de esto, y añaden vitaminas A, D y E a sus productos.

¿Cuándo recurrir a la leche desnatada?

Debido al menor nivel de grasa de la leche desnatada (1% de materia grasa como máximo frente al 3% mínimo de materia grasa de la leche entera. Los valores intermedios pertenecen a la leche semidesnatada), mucha gente recurre a ella sólo porque le gusta más su sabor.

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Pero la mayoría de la gente que opta por la leche desnatada lo hace por su menor nivel de grasa, y por tanto, por su menor número de calorías. Por esto, es recomendada en dietas en las que se quiere controlar el número de calorías y la cantidad de grasas. Algunos ejemplos de esto son la diabetes, la obesidad, los trastornos hepáticos o biliares, o los cardiovasculares. También en problemas estomacales, ya que la digestión de la leche desnatada es mucho más sencilla que la de la leche entera.

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