Salud Dental: Di “no” al Ratoncito Pérez

La herramienta de referencia para mantener tus dientes sanos

¿Habrá personaje más odioso en nuestra tradición literaria que ese estúpido ratón que siempre está deseando que perdamos un bien tan precioso como la dentadura? ¿Se puede ser tan rastrero como para chantajearnos con una moneda por cada pieza que nos mutilemos en la boca? ¿Para qué oscuros trapicheos querrá tanto piño esta especie de roedor traficante de marfil humano?

Ignoramos la respuesta a tanta pregunta, pero ante la duda es mejor no darle satisfacciones a tan desagradable bicho y mantener nuestros dientes en el mejor estado posible. Por suerte, aunque se trata de una de las partes del cuerpo que más dolores ha causado a lo largo de la historia, con las medidas de prevención actuales podemos mejorar la salud bucal mediante una serie de sencillas rutinas.

Un buen bocado

Antes de ir más allá, es conveniente que sepamos qué tenemos. Una persona adulta normal cuenta con 32 dientes definitivos (los de leche son sólo 20). Se dividen, desde el centro hacia los lados, en 8 incisivos que cortan los alimentos, 4 caninos que los arrancan, y 8 premolares y 12 molares que los trituran y preparan para poder digerirlos.

Los problemas más frecuentes que pueden sufrir van desde las caries (agujeros en el esmalte que recubre los dientes, producidos por ataques de bacterias) hasta la gingivitis, una inflamación de las encías que duele mucho y sangra. En casos graves, esta última puede transformarse en periodontitis, cuando la inflamación es tan grande que empieza a destruir el tejido que une los dientes y el hueso de la mandíbula.

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La causa más habitual de aparición de cualquiera de estas enfermedades es la presencia de placa dental, una acumulación de microorganismos en la superficie que se alimenta de restos de comida, especialmente de dulces.

El frotar no se va a acabar

Es fundamental acabar con esta placa, para lo que debemos cepillarnos los dientes con frecuencia. El mínimo imprescindible son dos veces al día: tras el desayuno (no antes de desayunar como acostumbran algunos, sería absurdo) y después de la cena, aunque lo ideal sería hacerlo después de cada comida.

Con un cepillo en buenas condiciones, de menos de tres meses de antigüedad, frótate los dientes frontales de arriba abajo y las muelas haciendo círculos, así como las caras superiores y traseras de todas las piezas, durante unos dos minutos.

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Si quieres más higiene, utiliza hilo dental para eliminar los restos que queden entre los dientes. Con esta misma función ahora se comercializan también irrigadores, unos aparatos que lanzan chorros de agua a presión y no hay trozo de comida que se les resista.

Puedes también hacerte con un cepillo eléctrico, que se mueve con mayor velocidad que el manual y es más eficaz a la hora de limpiar rincones inaccesibles. Y además tienes en tu farmacia una amplia gama de colutorios y elixires que acabarán con las últimas bacterias que osen resistir dejándote de paso un aliento fresco.

Además de cuidar nuestra salud, en esta ocasión nuestros dientes, en esta faceta de nuestra salud también podemos ahorrar,  comprando productos de higiene ecológicos y que además son económicos.

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