Sentarse bien: más vale prevenir

Cómo sentarse bien

El cuerpo humano es una máquina de precisión, una de las mayores obras de ingeniería que existen en el mundo. En situaciones extremas es capaz de resistir daños y agresiones externas hasta niveles que ni se nos pasarían por la cabeza. Sin embargo, otros pequeños detalles rutinarios, de los que en ocasiones ni nos damos cuenta, pueden afectarle mucho y a la larga pasan factura.

Uno de estos detalles es consecuencia directa de la vida sedentaria que llevamos actualmente. En nuestro país hay mucha gente que, entre las características propias del puesto de trabajo, el trayecto de casa a la oficina y luego el tiempo de descanso de vuelta al hogar, pasa la mayor parte del día en posición sentada. Por eso es fundamental adquirir posturas correctas si no queremos que la pobre espalda termine machacada.

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Más grave de lo que parece

El dolor de espalda es de ésos traicioneros que parece que sólo produce molestias leves, no como el de otras partes del cuerpo (léase las muelas, por ejemplo), pero que a la larga deja muy fastidiado al que lo sufre. Y no es una cuestión menor: la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica en uno de sus informes que aproximadamente el 80% de la población adulta en todo el mundo sufre o ha sufrido daños en esta zona del organismo. Normalmente comienzan sólo como simples dolores a los que no se da mayor importancia, pero si no se actúa a tiempo pueden transformarse en problemas más serios como contracturas musculares, tendinitis o hasta lumbalgias.

Generalmente las molestias se deben a posturas extrañas en la silla: cuando nos relajamos tendemos a adelantar las caderas, de forma que casi nos tumbamos, quedando la columna vertebral muy arqueada en la zona de las lumbares (la más cercana a las piernas). También puede ocurrir que echemos la jornada mirando papeles o una pantalla de ordenador situada en un ángulo demasiado bajo, con lo que las vértebras que más sufrirán serán las cervicales, en el cuello.

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Líneas rectas

Para evitarlo, los especialistas recomiendan sentarse con la espalda lo más recta posible y apoyada completamente contra el respaldo de la silla. Además, los hombros deben echarse hacia atrás, para evitar curvaturas en el cuello y parte superior del tronco, y las rodillas han de situarse a la misma altura que las caderas, para distribuir el peso corporal de forma uniforme. En caso necesario puede utilizarse un soporte para los pies.

De esta manera conseguiremos que los músculos de la columna no se tensen más de la cuenta y además se fortalezcan. En todo caso, aunque sea una postura correcta, tampoco es conveniente mantenerla demasiado tiempo, ya que acabaría generándose fatiga: hay que moverse de vez en cuando, realizar estiramientos suaves y levantarse y caminar unos minutos cada cierto tiempo.

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