Tomar el sol: tostado sí, quemado no

Hay que tener precaución cuando nos exponemos al sol

Sostienen astrónomos, maestros de escuela y demás gente sabia, que la Tierra, se mueve dando vueltas alrededor del Sol y además rota sobre sí misma en un eje ligeramente inclinado. Gracias a eso nos aseguramos de que al menos durante tres meses viviremos en verano, una estación en la que el mercurio de los termómetros decide elevarse hasta temperaturas bastante calurosas.

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Por suerte este fenómeno está garantizado para todos los años: por mucha crisis que haya, nuestro periodo de calor no nos lo quita nadie. Imagina si no qué aburrimiento, sin poder sacarnos nunca la bufanda y los guantes…

El verano tiene sus ventajas: generalmente hay vacaciones, el vestuario se relaja y se alegra la vista, puedes combatir el calor dándote un refrescante y divertido baño en playas y piscinas… Pero también tiene sus riesgos, aunque al menos contra uno de ellos somos capaces de luchar: los fortísimos rayos de sol y su efecto sobre nuestra piel.

Los peligros de la luz

Mucha gente aprovecha los días más largos y la luz solar más intensa para dedicarse a echar el día tumbado para que el cuerpo, más descubierto que otras épocas, pueda coger un bonito color de bronce. Sin embargo, el Sol emite una cantidad enorme de energía, sobre todo en forma de rayos ultravioleta, que no podemos asimilar y es capaz de provocarnos graves daños.

Los problemas más evidentes son las quemaduras, pero no hay que olvidar que si nos pasamos somos víctimas en potencia de numerosas lesiones y enfermedades. La más grave es el cáncer de piel. En realidad, un conjunto de dolencias de diversos síntomas y tratamientos pero con una causa mayoritaria común: pasar demasiado tiempo bajo el sol sin cuidado.

Seguridad ante todo

Aparte de mantenerse en la sombra, que sería lo más sensato, la forma más eficaz de evitar riesgos es la defensa mediante cremas. Existen numerosos tipos en función de su grado de protección, que variará según las características de cada piel: cuanto más pálido estés, mayor factor necesitarás. Pero recuerda que echarte pegotes de crema no te convierte en inmune inmediatamente. Los expertos recomiendan aplicarla 30 minutos antes de empezar a tomar el sol y renovarla cada dos o tres horas.

Y por mucha crema que te pongas, tampoco conviene que te pases toda la jornada a la intemperie. Evita las horas centrales del día, en las que el sol pega más fuerte. Ten cuidado también con los días nublados: pueden parecerte menos peligrosos, pero los rayos UV pasan igual a través de las nubes y se tiende a estar más tiempo expuesto a ellos porque la sensación de calor es menor.

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Tampoco olvides tomar otras medidas como usar gafas de sol (que sean buenas; las de mercadillo son contraproducentes porque sólo oscurecen, sin filtrar la radiación nociva, así que la pupila se dilata y entran más rayos al ojo), ponerte gorra o sombrero y usar ropa de algodón, que protege tu piel dejándola transpirar.

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